domingo, 10 de abril de 2011

situación de las colonias hispanoamericanas

Hacia fines del siglo XVIII el imperio español en América ha forjado una realidad sumamente compleja luego de trecientos años de dominio.
En lo económico, España ha tratado de imponer un estricto monopolio comercial a partir del cual apropiarse de las riquezas americanas, en especial los metales y algunos cultivos muy rentables como el azúcar o el cacao y a su vez, convertir al continente en un mercado cautivo para los productos españoles. Sin embargo, España ha fallado. Su economía (rica hacia el siglo XVI) ha entrado en decadencia y es ampliamente superada por los países del norte (Gran Bretaña y Francia) que están prontas a vivir la doble revolución. La producción española no puede abastecer a sus dominios pero intenta al menos ser el intermediario entre América y los productos de los otros países europeos. En contra de esto en América se extiende el contrabando como una práctica habitual. Muchos americanos querrían comerciar directamente con las potencias europeas en particular con Gran Bretaña.
A su vez, España ha tratado de orientar la economía de América para la producción de metales y de productos agrícolas que satisfagan las necesidades de Europa. Al mismo tiempo, desalienta la producción local de productos manufacturados tratando de traerlos de España. Esto forma parte de lo que los historiadores han llamado "pacto colonial". Como vimos el mismo está en crisis.
En lo social el panorama es mucho más complejo. En algunos lugares de América (los más ricos, como Perú, México, Cuba o Colombia) se ha instalado una sociedad dividida en grupos cerrados basados en la riqueza y en el origen étnico. Así, tenemos un grupo de privilegiados que desciende de españoles y otros europeos. Son los llamados "blancos". Ellos monopolizan los cargos políticos relevantes, son los dueños de la tierra, de las grandes industrias (como los ingenios azucareros), de las explotaciones mineras, de los grandes comercios de exportación e importación, de los esclavos y de su comercialización. Pero este grupo esta dividido entre "peninsulares", favoritos para ocupar los cargos políticos y eclesiásticos (por ejemplo, de 176 virreyes que tuvo Hispanoamérica, 172 fueron peninsulares. Por otro lado están los criollos. Descendientes de los peninsulares, han nacido en América y luego de algunas generaciones empiezan a sentir la discriminación frente a los españoles. A pesar de ello, heredan la tierra y son económica y socialmente un grupo privilegiado frente a la enorme masa de mestizos, africanos o descendientes de los pueblos originarios de América. Defienden sus privilegios basados en su riqueza y también en la supuesta superioridad de "sangre". La pertenencia a la "mala sangre" era causal suficiente para anular matrimonios o a la competencia por un mismo cargo con alguien de "sangre buena". (ver por ejemplo el caso de un matrimonio entre desiguales en http://www.saber.ula.ve/bitstream/123456789/23112/1/Articulo1-4.pdf )

La mano de obra en la época colonial la constituían fundamentalmente los descendientes de los pueblos originarios llamados por los españoles y criollos "indios"-. Sobre todo en Perú, México y América Central la abundancia de estos pueblos fue aprovechada por los españoles y sus descendientes criollos obligándolos a trabajar de variadas formas no remuneradas aunque la esclavitud estuvo formalmente prohibida entre los indígenas. A pesar de ello, durante la colonia mantuvieron muchos la vida comunitaria y a pesar del proceso de aculturación lograron hasta la independencia mantener muchas de sus tradiciones.

En los lugares donde escaseaba la mano de obra nativa y los españoles encontraron un recurso muy redituable como azúcar, algodón o cacao, los trabajadores fueron traídos a la fuerza de África para transformarlos en esclavos. El tráfico de esclavos fue una forma infame de comercio a partir de la cual se acumularon grandes fortunas a costa del desprecio más descomunal sobre la vida y la dignidad del ser humano.

Estos tres grupos ("blancos", "indios" y "negros" como fueron llamados desde entonces) constituyeron un sistema de castas donde primó la desigualdad legal. La preponderancia numérica de un sector o de otro, dependía de las condiciones previas y del interés económico por la zona. Así, las regiones más pobladas de la época previa a la invasión europea, mantuvieron la superioridad numérica de los pueblos originarios (México, Perú, Centroamérica o Paraguay). En otros lugares, menos poblados pero de clima apropiado a cultivos tropicales, la explotación masiva de africanos fue la regla, como en las islas del Caribe, Venezuela o Colombia. Los territorios de menor interés permanecieron poco poblados y por ello, el peso de los elementos originarios o africanos fue menor.

En forma paralela un enorme proceso de mestizaje. La condición de los mestizos estaba sometido a una clasificación que hacían los españoles de acuerdo a estimaciones de "pureza".

La situación social de la época colonial jugará un papel decisivo en los procesos que llevaron a la independencia política de los países hispanoamericanos. En algunas zonas, la ruptura con los españoles fue más rápida debido a una menor resistencia de éstos y de una posición muy firme a favor de la ruptura por parte de los criollos. Tal es el caso de los territorios más cercanos al Río de la Plata. Allí los criollos porteños no tuvieron mayor inconveniente para expulsar a los españolistas, salvo en Montevideo, Paraguay o al norte en lo que hoy es Bolivia (el "Alto Perú"). Los conflictos más importantes, dividieron a los criollos en torno a la forma de organizar la independencia (la lucha entre federales y centralistas) o en torno a qué tan radical debía ser la revolución. Pero en otros lugares, los criollos se dividieron, uniéndose en una gran proporción a los españoles ante el temor a una insurrección indígena o de esclavos. El temor a perder los privilegios motivó que la independencia llegara muy tarde (como en Cuba, 70 años después del resto del continente y 100 del Haití) o que llegara "de afuera" como en el caso de Perú y Bolivia por acción de los ejércitos encabezados por Bolivar y San Martín. Finalmente, este miedo explica las independencias conservadoras como la de México o Brasil, cuando criollos y europeos privilegiados se unen para proclamar una independencia de España o Portugal que están viviendo revoluciones.

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